ANIMACIÓN PASTORAL / marzo/julio 2020

La situación actual de aislamiento social, preventivo y obligatorio se presenta como un escenario que nos desafía a repensar cómo caminar como comunidad educativa pastoral, en especial, acompañando integralmente a nuestros jóvenes.  Desde un primer momento, los educadores trabajaron sobre diferentes herramientas para mejorar y complementar el proceso de enseñanza-aprendizaje de manera virtual. La virtualidad, nos despoja del espacio físico y nos invita a buscar nuevas alternativas para encontrarnos. Además, muchas veces desafía a los adultos a caminar y acompañar por un territorio donde los jóvenes, son los que se sienten más cómodos y seguros.

Don Bosco llamaba “espíritu de familia” al “ambiente educativo” que reina en las casas salesianas. Éste “espíritu de familia” se genera gracias a los vínculos de familiaridad, de acompañamiento a los jóvenes, entendido como un trabajo comunitario vivido en toda nuestra obra. En estos tiempos donde se suspendieron las clases presenciales y desarrollamos nuestras tareas desde la casa, creamos nuevas formas de encuentro  y acompañamiento para fortalecer y mantener vivo estos vínculos.

Las líneas pastorales que sustentan las acciones en este nuevo escenario:

En el último tiempo venimos caminando como Casa en la construcción de nuestro Proyecto Educativo Pastoral Salesiano Local (PEPSAL). El PEPSAL es un punto de partida que define la identidad de la Obra, en función de la Misión, que busca resolver problemas de acción pastoral, partiendo de las necesidades desde una realidad concreta, a través de la formulación de líneas de acción.

Es por eso, que a la hora de repensarnos en este tiempo de aislamiento, no podemos dejar de lado nuestras opciones fundamentales, es decir, nuestra misión y horizontes pastorales.  

Necesitamos situarnos y reacomodarnos, reinventarnos hacia una acción Pastoral que esté atenta a  la totalidad de los integrantes  de la Casa. Esto exige una descentralización de nuestro rol como docentes/directivos/ pastoralistas y  como así también, una desnaturalización del abordaje Pastoral, para pasar  a pensar en cómo  acompañamos  y contenemos desde la virtualidad  a cada integrante de nuestra Comunidad Educativo Pastoral (CEP). Hoy, esta situación social y económicamente  compleja, nos pide estar atentos a una “escucha sensible” para lograr, una lectura de la realidad que nos señale el horizonte o la misión pastoral de este tiempo. 

Esforzarnos y experimentar una escucha sensible, atenta y ampliada nos pone a las puertas de una tarea de contención fraterna que responde a nuestra identidad cristiana y salesiana. La figura del Buen Pastor nos tiene que animar y guiar a salir al encuentro rompiendo todos nuestros temores, prejuicios, limitaciones personales y cibernéticas. 

Francisco, previo a la pandemia, escribió la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, en la cual nos habla sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual. En el primer capítulo de dicha exhortación, el Papa hace referencia a cinco acciones concretas de una Iglesia en salida: primerear, involucrarse, acompañar, fructificar y festejar. Estos  cinco pasos son fundamentales en este nuevo escenario, que nos desafió en el “cómo” nos acompañamos como comunidad, que es sujeto de evangelización y evangelizadora.

Así lo hicimos. Transformamos la adversidad en esperanza, no nos paralizamos por el contrario las circunstancias nos impulsó a romper nuestras estructuras y nos motivó a repensar y reconstruir nuestra animación y  acompañamiento espiritual. Nos reinventamos con nuevas formas de encontrarnos con Dios desde nuestros hogares, con convivencias y espacios de oración/reflexión a través de medios tecnológicos. Así, caminamos momentos celebrativos importantes como las pascuas de resurrección, el mes de María y el Sagrado Corazón de Jesús, con nuevos formatos, encontrándonos desde la virtualidad y mostrando esos encuentros. En toda la casa hemos acompañado desde la virtualidad la vida de las familias, creando nuevos dispositivos de presencia  a través de  plataformas, mail, llamados telefónicos. Preguntando cómo están, escuchamos las necesidades  y nos animó a dar respuestas de distintas maneras no virtuales: entrega de alimentos, artículos de limpieza, abrigo, cuadernillos escolares para aquellos que no tenían conectividad. 

En el Evangelio (Lc. 22, 14-20) vemos a Jesús que manifiesta a sus discípulos el deseo ardiente de compartir la mesa con ellos, celebrar la pascua judía y compartir la vida, a pesar de saber lo que debía enfrentar en su pasión. Hoy la Pastoral  nos convoca a ser partes de una gran mesa virtual donde nadie queda afuera y podamos compartir más allá del desgano, desaliento, desconocimiento, frustraciones… la vida misma.

Recreando la presencia

Nuestro día a día nos dice que el seguimiento individual pedagógico y emocional de nuestros pibes y sus familias está siendo acompañado, de los mejores modos que se han encontrado en estas circunstancias, por distintos agentes. Estos agentes, educadores/pastoralistas también estamos atravesados por las condiciones del aislamiento y venimos sintiendo el desgaste día a día. Ahora bien, este desgaste no nos impedirá continuar, por el contrario, haremos una pausa y redoblaremos la apuesta de nuestra entrega bosconiana. En la segunda etapa del año centraremos nuestra acción, sumado a aquello que ya construimos,  en la vivencia grupal y comunitaria de cada grupo de jóvenes y el conjunto del cuerpo docente, directivo, administrativo y familia  para poder  acompañarnos de forma sostenida, comunitaria.

Horizonte: dar fruto, cuidar y vivenciar un “espíritu de familia” salesiana con todos los miembros de la CEP, donde nadie quede afuera.

Tres pilares para caminar en ésta etapa:

Lo Vincular / MotivacionalLa Escucha sensibleLo Comunitario
La formación de grupos de trabajo articulado que animen y acompañen la vida. Que nos ayudará a estar atentos a la realidad, contener, generar encuentros significativos y a caminar juntos a pesar de las dificultades.Que nos dará una vivencia y experiencia de familia “Salesiana”.