JOSÉ SARACANO, UNA VIDA SALESIANA

No nos alcanzan las palabras para poder empezar a contar lo que José significó para nuestra Casa. Con su espíritu Salesiano como bandera, colmó el patio y las aulas de nuestra Casa.
José nació el 29 de febrero de 1936 en Turín, Italia. A los 3 años de edad, y exiliado junto a su familia por la guerra, vivió en Río Turbio. Su padre ,mecánico, realizaba las reparaciones de las maquinarias de lo que en ese entonces era YCF. Es así que, llegada la edad, cursó sus estudios primarios en nuestra Casa, enalteciendo aún más su vinculación con todos y todas. Todo un legado, toda un vida con Don Bosco.
Tuvo su primera profesión en Morón allá por enero de 1958. Desempeñó su actividad en la Escuela Agrotécnica Salesiana de Río Grande, caminó las calles de Puerto Deseado hasta desembarcar (por segunda vez) en lo que sería su segunda casa, nuestra Casa Salesiana Río Gallegos, donde durante 30 años transmitió sus conocimientos, sus experiencias. Siempre por y para la juventud.
Acompañó a los diferentes grupos juveniles del MJS, se acercó al Batallón, siempre en contacto con todos los niveles de nuestra Casa. Por todo este recorrido, por todo lo que nos inculcó y enseñó, es que tuvimos el honor de poder hacerle un homenaje en vida nombrando a nuestro gimnasio “José Saracano”, un orgullo para toda nuestra comunidad educativa pastoral Salesiana
Es así que en el año 2018 la legislatura de la Provincia de Santa Cruz lo nombró “Ciudadano ilustre provincial”, dejando bien en claro lo que José significó, no sólo para las y los Salesianos, sino para toda una comunidad.
Después de tantos años de vida y trabajo fecundo dedicado a los jóvenes, se lleva el premio más grande que un educador pueda tener, el más genuino porque nace espontánea y naturalmente desde el corazón: el amor, el afecto, el cariño, el respeto, el reconocimiento y el recuerdo eterno de tantas generaciones de jóvenes santacruceños, de los cuáles fue maestro, hermano, amigo, educador, consejero.
Descansá en paz querido José, que ya estás en la historia grande de nuestra Casa y de la Congregación. Algo que seguramente no buscaste, ni te hubiera gustado, porque siempre cultivaste el perfil bajo y le esquivaste a los reconocimientos o agasajos, pero que es algo que te ganaste con tu incansable, humilde, silencioso pero a la vez descomunal trabajo diario para darle alegría a la juventud.
Nuestro agradecimiento eterno por eso, y ojalá que Dios, Don Bosco Y María Auxiliadora nos ayuden a estar a la altura de lo que vos nos enseñaste. Que tu ejemplo sea siempre nuestra guía e inspiración para que cada día seamos un poco mejores personas y educadores.
¡Hasta siempre José Saracano!